Un mundo pequeño
Helen Stohlman - Hace un par de semanas tuve la oportunidad de vacunarme contra la influenza H1N1, y con gusto aproveché. Tal vez vino tarde esta vacuna, pues en EEUU y otros paÃses se hizo disponible hace un par de años. Sin embargo, se ha visto un rebrote del virus en Guatemala en semanas recientes, y hasta ha cobrado unas vidas. Vacunarnos todos es la mejor medida de protegernos individualmente y a la vez a la sociedad.
Las vacunas, junto con los antibióticos y los servicios sanitarios adecuados, son entre las más importantes tecnologÃas que han incrementado significativamente la salud de los seres humanos. Una vacuna evita la necesidad de cursar una infección y cuando la mayorÃa de una comunidad se vacuna, efectivamente se elimina dicha infección de la sociedad. Protege hasta a personas que no se pueden vacunar por padecer varios trastornos de salud.
Sin embargo, las vacunas no están funcionando óptimamente en el mundo actual. En muchos paÃses desarrollados, tales como EEUU e Inglaterra, se ha surgido mucha desconfianza en las vacunas, pues algunas personas creen que provocan trastornos graves en los niños, a pesar de que no hay base cientÃfica alguna para apoyar a esta creencia. Al mismo tiempo, las vacunas son escasas en los paÃses del tercer mundo, pues normalmente se producen en los paÃses desarrollados y ellos conservan las dosis para uso interno antes de proporcionárselo a otros paÃses.
Mientras que el primer mundo rechaza las vacunas por miedo basado en creencias erróneas, el tercer mundo frecuentemente no tiene la opción de vacunarse. Ambos problemas amenazan con la salud pública mundial. Ha pasado la época en la cual los paÃses pueden cuidarse sin tomar en cuenta a los demás. Con los avances del viaje, los cuales permite que una persona visite a cualquier parte del mundo en cuestión de un dÃa, las enfermedades contagiosas no conocen a las fronteras. Cuando las familias en los paÃses desarrollados rechazan las vacunas y permiten que se den brotes de sarampión, tos ferina, meningitis, y otras enfermedades que efectivamente habÃan desaparecido en dichas lugares, promueven la apariencia de las mismas en otras partes del mundo. De la misma manera, en lugares donde las vacunas son escasas, las enfermedades se pueden transmitir a otros paÃses con facilidad.
Hoy en dÃa el mundo es pequeño, y no nos podemos dar el lujo de suponer que cada paÃs sea una isla o una entidad separada de las demás. El mundo de hoy es uno de viaje por avión, comunicación instantánea por Internet, y contacto inevitable entre todos los paÃses. Cuando uno se enferma, el mundo entero padece de la crisis. Tal vez nos haga un mundo más humano por la inevitable necesidad de convivir con todos nuestros hermanos de un lado del mundo al otro.













